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Hay quienes sostienen
que toda persona tiene un destino determinado y que por más
vueltas que de la vida, este se llega a cumplir inexorablemente.
Tal vez esa sea la explicación para la historia de
Miguel Rodriguez, un hombre que transformo su vida al sufrir
una terrible perdida, la que al mismo tiempo le permitió,
paradójicamente, realizar una trascendental obra social.
Tras la muerte de su hijo menor como consecuencia de un paro
cardíaco con sólo seis meses, Miguel cambió
su actitud hacia la vida y
mirando a su alrededor vio que existían niños
"de la calle" que morían en el hospital por
no tener dinero para poder pagar la asistencia médica.
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“Decidí
ir a buscar a estos chiquitos, enterré a mi hijo y
prometí una cosa ante Dios, que haría una guerra
por hacer que los niños sean dignos". Tras esta
promesa, Miguel empezó a llevar comida a los niños
junto con su esposa, pasaba noches con ellos hasta que un
dia uno de ellos le dice llorando que se quiere ir con él.
Este es el momento en el que Miguel decide dedicar su vida
al cuidado de estos niños y deja todo lo que tenía
hasta ese momento para ayudarlos. Al principio eran pocos
y los alojaba en su casa pero la cosa fue a mas y al final
vendio todas sus pertenencias y se mudó junto con su
familia y el grupo de niños a un terreno en el Asentamiento
Humano Los Cedros en Ventanilla, cerca de Ancon.
El 13 de mayo último la Comunidad Sagrada Familia celebró
12 años de fundación. La creación de
la comunidad, según su fundador, nació como
consecuencia de las cosas del destino. En ese sentido sostiene,
“yo siempre he sido un cristiano, pero hace 12 anos
era un cristiano sin trabajo, sin ‘chamba’, esto
porque iba a misa, me sentía bien y estaba muy preocupado
en hacer mis reuniones cristianas con mis amigos en mi casa
para orar un ratito y después tomar un vinito, pero
yo creo que Dios y sus caminos tienen cosas para cada uno
de nosotros”.
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